EL ORIGEN DEL VINO EN ESPAÑA

El origen del vino, uno de los productos más importantes para España por su importancia cultural y su significado dentro de la dieta mediterránea, empieza en Iberia y la península ibérica en la edad de Bronce.


Testimonios arqueológicos verifican que en la edad de Bronce, se descubrió en la provincia de Granada una tumba con semillas de uva y depósitos de mosto. Y todo hace indicar que fueron los pueblos fenicios, griegos y romanos lo que introdujeron la vid en la península. Los fenicios, muy activos en el comercio, introdujeron por Cádiz la plantación y producción de uva. Más tarde fueron introduciéndose más y ya en Jeréz tenían bastas tierras cultivadas con vid, que proporcionaban uvas dulces para la producción de vino. Y es que Iberia era una tierra especial para el vino.

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Rutas comerciales fenicias para transportar el vino. Fuente: Wikipedia.

Griegos y romanos consolidaron esta industria hasta el punto de ser conocida en todo el “Mare Nostrum” por sus caldos: vinos de Hispania. Estos vinos, se conservaban en todo tipo de recipientes: toneles de madera, recipientes de piel de cabra, ánforas impermeabilizadas, etc. Y es que gracias a estos vinos, la industria de la cerámica tomó impulso en todo el imperio romano. Tal era la cantidad de recipientes que se crearon, que se descubrieron millones de fragmentos de ánforas en el monte Testaccio. Estas ánforas, tenían impreso su origen y año de fabricación, que frecuentemente resulta ser la insignia de un alfarero español que elaboraba útiles para beber, servir o transportar caldos hispanos. Muchas de las máquinas que se emplean en la producción del vino, como las prensas, ya estaban presentes en tiempos clásicos. Prensas de palanca, cabestrante, con contrapesos cilíndricos, de cuerda, jaula…
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Ánforas de vino de cerámica fenicia. Fuente: Wikipedia

Con la caída del Imperio Romano la viticultura se ve muy afectada, ya que el vino pierde su carácter festivo personificado por el dios Baco. No es hasta la Edad Media cuando vuelve a tomar auge como símbolo cristiano, apoyado por el catolicismo. A partir de ese momento el cuidado de la vid pasa a ser trabajo eclesiástico para la Sagrada Comunión y consumo local. Las primeras bodegas aparecieron como consecuencia del esfuerzo de monjes y monarcas distinguidos por la devoción a la iglesia. Y se preocuparon de cubrir gran parte de nuestra tierra. Así que, gracias a todos estos acontecimientos sucedidos desde el origen del vino, hoy en día es posible que disfrutemos de esta esta preciada bebida. ¿Estáis tan agradecidos como nosotros?

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