¿Cómo se consigue el color en los vinos?

Las propiedades de pigmentación del vino nos aporta información sobre el cuerpo, la edad y el estado del vino. Descubre aquí como se logra el color en cada vino según el proceso que se sigue. 

La gran mayoría de las uvas que se utilizan en la elaboración del vino poseen el mismo color en su pulpa, ya sean uvas tintas o blancas; tienen un color ligeramente amarillento. Los pigmentos que caracterizan a las uvas tintas se encuentran en su piel. Por eso en la elaboración de los vinos tintos se deja macerar el mosto con la piel de la uva durante la fermentación hasta alcanzar el color rojo deseado por el enólogo.

Las propiedades de pigmentación del vino nos aporta información sobre el cuerpo, la edad y el estado del vino. Además de poder identificar qué tipo de uva se utiliza para la elaboración del vino a través del color, también es posible detectar el tipo de prensado y su fermentación, envejecimiento y embotellado. Si el color es fuerte y concentrado estamos ante un producto recio y rico en sustancias tánicas por lo que los vinos tintos pierden intensidad con el paso del tiempo y pasan de tener tonos violáceos o morados a matices ocre, teja o castaño. Por esa razón, cuanto más claro y amarillento sea el vino, mayor habrá sido su crianza al contrario que con los vinos blancos. El color puede variar desde un púrpura oscuro hasta diferentes tonalidades de rojo. En el caso del vino blanco los colores van desde los amarillos verdosos en los vinos jóvenes a un dorado con matices ocre en los vinos de añadas anteriores.

Cuando el vino a elaborar es rosado, se deja macerar brevemente el mosto con la piel de la uva tinta antes de fermentar, mientras que los vinos blancos se elaboran fermentando el mosto sin pieles ni semillas. Este proceso puede durar horas en el caso de los vinos rosados, pocos días en caso de los tintos de consumo rápido y de varias semanas en los tintos que se destinaran a crianza.

La mejor forma de apreciar el color del vino es inclinando la copa entre 30 y 45 grados y observar el borde del líquido con el cristal sobre un fondo blanco. En este punto es donde se hacen más evidentes los matices cromáticos del vino.

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